El ferrocarril se niega a morir en Apizaco

Cronista refiere aspectos interesantes sobre la ciudad, con motivo del día del Ferrocarrilero

Fue desde 1866 que llegaron a la ciudad de Apizaco y a pesar de que han pasado 152 años el Ferrocarril se niega a morir, y como cada año se recuerda el 7 de noviembre a los trabajadores que laboraron entre rieles y que fundaron esta urbe.

Aún aquellos trabajadores que laboraron en los talleres recuerdan las vivencias de esos tiempos donde la economía iba en ascenso, ya que el crecimiento de talleres se da por el trabajo de los ferrocarrileros.

Sin embrago también esta localidad vivió hecho trascendentes como el proceso revolucionario, que Apizaco lo vivió intensamente y que grandes personajes de la historia pasaron por este lugar “en ese tiempo todo era miel sobre hojuelas”.

 

MIGUEL VARGAS G.

 

Y es que sus talleres eran de los más importantes en toda la República por su mano de obra,  dentro de este lugar ya fabricaban carros y góndolas, por lo que ya no sólo era taller de reparación.

Apizaco es una ciudad que se niega a morir, ya que a pesar de vivir etapas  difíciles, como la de 1859 donde se vivió la huelga ferrocarrilera, “injusta por el gobierno, no por los trabajadores”.

Algunos de ellos fueron apresados, ya que buscaban un aumento de salario, pero que fueron totalmente reprimidos y en ese tiempo son despedidos del ferrocarril mexicano y del interoceánico más de tres mil trabajadores, esta localidad queda en un estado de indefensión económica.

Ello fue lo que apagó el esplendor de un ferrocarril manejado por Vicente Fabres, quien terminó despedido de manera injustificada, en ese tiempo Adolfo López Mateos después de reprimir el movimiento ferroviario llega un año y medio después supuestamente a remodelar los talleres y muy pocos trabajadores son reubicados y otros más quedan con una pensión mínima.

Fue de las etapas que marcó a este municipio, ya que en ese entonces más del 80 por ciento de su economía dependía del ferrocarril.

Algunos ferrocarrileros recuerdan y añoran su labor y ahora están en el parque Cuauhtémoc, viendo como la ciudad se  moderniza con el paso de los años.

 

 

De acuerdo a los hechos históricos referidos por el cronista Mario Bojalil Bojalil, en 1856 el ingeniero Andrew Talco que era el encargado del trazo de la obra más importante mismo que partía de México a Veracruz trazo que llegó a una planicie arbolada, rodeada por poblaciones como San Luis Apizaco y Texcalac y elige ese punto para que la línea principal pasara por este lugar y llegará hasta la ciudad de Puebla.

Ya para 1865 llegan los primeros trabajadores de vía para trazar los rieles del futuro e instalan un campamento, ahí dio inicio la actividad económica, comercial y ferroviaria, fue el 1866 el 1 de marzo el ingeniero Guillermo George informa de México que se concluyó el tramo hasta Apizaco y que ya podrían circular los trenes.

En ese entonces franceses, ingleses, alemanes, libaneses, apizaquenses y tlaxcaltecas llegaron hasta lo que hoy es la urbe rielera para comercializar sus productos y servicios poco a poco fueron fundando una de las ciudades más importantes de Tlaxcala.

Para el 16 de septiembre de 1867 el presidente Benito Juárez inauguró la vía férrea de Apizaco a Puebla, pero fue por la labor de los concesionarios del ferrocarril como fueron los hermanos Antonio y Manuel Escandón que en 1970 son removidos como fundadores de este municipio que en su momento llevó por nombre Barrón Escandón, que injustamente fue borrado.

Pero fue la industrialización y el apoyo del Emilio Sánchez Piedras quien fue gobernador del Tlaxcala este lugar floreció de lo contrario hubiera desaparecido.

Dijo que esta historia se niega a morir, por ello las nuevas generaciones deben comprender, que a pesar de mantener la tauromaquia viva, su origen y el orgullo de los apizaquenses es su ferrocarril.

Expuso  que a pesar de ser una fecha importante, los ferrocarrileros ya han dejado de lado la celebración en Apizaco y acuden a la ciudad de México para conmemorarla y han abandonado el homenaje que se debería hacer en la ciudad fundada entre rieles.

Author: Yaneth Ortega Jimenez

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